Hay momentos en que tienes que dejar de soñar, renunciar a todo lo que crees, todo lo que sabes, todo lo que sueñas, todo lo que deseas.
Hay momentos así, para desnudarse y decirle al mundo: de acuerdo, Me rindo!
Hay momentos para hundirte en lo profundo de lo que eres cuando ya no tienes sueños, ya no hay parámetros, ya no hay deseo, ya no hay gloria que perseguir, ya no hay espacios que llenar, ya no hay cosas que comprar, ya no hay mas nada que hacer, hay momentos así.
Esos dias en que ya no hay nada, solo vacío, solo rendición, solo oscuridad, momentos en los que creías que no llegarías mas hondo, momentos en los que pierdes lo que más deseas, tus más fervientes anhelos, todo se deshace, todo se evapora, nada existe.
Ese momento me pasó, no habia nadie que tocara mi puerta para decirme, Sibyl, levántate.
y por alguna razón, me levanté; escuche una voz que me decía, anda, levántate.
Renuncié a todo, ya no quise nada mas, ya no perseguí nada mas, ya no deseé nada mas, solo estuve allí, existiendo.
Todo va a estar bien, me decía esa voz, amorosa y apacible, levántate.
Sólo quedo esa estrella que me miraba por la ventana, una solitaria que brillaba para mi y me ayudaba a cerrar los ojos y a olvidar pensar. Sólo quedó la música, tan real, tan verdadera, tan perfecta.
y al día siguiente, volvió a salir el sol, como siempre
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