El perdón es el perdón... no se trata de elegir a quien, y a quien no. No se trata de abrir las puertas de par en par y hacerse vulnerable, eso no.
El perdón es dar el paso hacia adelante, sin mirar atrás. Atrás quedó todo eso que tanto cuesta perdonar.
El perdón es el perdón, y no mira a quién, no tiene distinción.
Da igual que sea a tu madre, a tu perro, a tu ciudad, a tu nación, perdonar es eso, renacer.
El perdón no es selectivo, contigo si, contigo no, el perdón le da al olvido un lugar a su expansión, y entonces ocurre el milagro, puedo empezar de nuevo, puedo pensar en algo nuevo, puedo vivir fuera de la prisión de ideas recurrentes, eso sí que es un infierno.
El perdón es el perdón, se perdona a quien se quiere, se perdona a quien no, se perdona al enemigo y al mayor amor.
El perdón es ese paso hacia el olvido de quien eras, para crear una nueva visión.
El perdón es deshacerse de historias repetidas que al fin se terminan, que al fin se van. No te asombres si crees que necesitas el veneno, no te asombres de lo sano que estarás cuando el veneno al fin se va.
El perdón perdona el asco, la ruptura, el dolor, el perdón perdona el mas grave error. El perdón perdona al perdonador.
El perdón te deja libre, ligero, fortalecido, te adelgaza, te hace astuto, te descansa, te hace humilde, el perdón deja atrás la desgracias, te libera del dolor.
El perdón es el perdón.
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